Ha pasado un mes desde que comencé a ver a Greta.
En la primera sesión estuvimos hablando, conociéndonos. Al final de la sesión le expliqué lo que haríamos el segundo día, y le pedí que me contactase cuando estuviese convencida de que quería dar ese paso. El segundo día tenía que desnudarse y juntos íbamos a explorar su cuerpo.
Dos semanas más tarde me contactó por mail y quedamos de nuevo. La puesta en escena fue muy bonita, ella preparó el escenario para sentirse lo más cómoda posible: puso su música, encendió inciensos, velas, atenuó la luz... Me dejó muy claro que no quería "rollo" pero que todo ese ambiente le hacía sentirse mejor. La verdad es que creo que facilitó las cosas.
Llevaba sólo un albornoz y destapó un precioso cuerpo cuando se lo quitó. Se tumbó y procedí primero con un pequeño masaje por espalda, brazos y piernas mientras hablábamos y se relajaba. Tras media hora, le indicaba las partes de su sexo que iba tocar, y luego las masajeaba lentamente. El aceite aromático también facilitó las cosas, pues tiene algo de sequedad.
Greta conoce perfectamente su cuerpo, cosa que ya sabíamos, también sabe alcanzar su punto G. Sintió placer en la sesión, pero no era mi intención intentar encontrar su orgasmo, sólo dejar que disfrute de sí misma, de su cuerpo. Ella también podía acariciar su cuerpo mientras yo lo hacía, y si bien al principio se cortó un poco, luego rompió el hielo.
Quedamos por tercera vez la semana siguiente. La sesión fue parecida: primero masaje relajante general y luego exploración sexual. Si bien esta vez la exploración sexual duró más y sintió más placer que en la primera ocasión, no hay que tener prisa en la búsqueda del orgasmo. Ella se sintió más feliz y confiada de que íbamos a resolver su problema en algún momento, tarde o temprano, y eso es lo realmente importante.
Gracias, Greta, por dejarme compartir tu tratamiento y tu paciencia revisando mis escritos.