29 de Mayo, casi las 9. Me esperaba envuelta en un albornoz de toalla fucsia, me llevó a la habitación y cuando llegamos se sentó en la cama. Algo había cambiado en ella, y eso se notaba también en el entorno. Había preparado su espacio, pero no había música, ni había cremas. Había media luz. Ese día hacía algo más de frío que otros días, pero no acondicionó la temperatura. Me pidió que me sentase a su lado. Estaba triste, decepcionada y rabiosa.
Tras la cháchara del hola qué tal y todo eso, su expresión amable se tornó amarga y dejó aflorar sus emociones. Me explicó que había intentado tener otro orgasmo ella sola, y que había quedado con un ex sólo para follárselo, pero no había conseguido nada. Se calló y esperó a que le dijese algo. El silencio fue largo, y por primera vez me sentí incómodo con ella, fue un silencio espeso.
Le ofrecí repetir la última sesión de masaje. Negó con la mirada y me dijo que quería correrse follando, tal cual. Sus palabras chocaban con mis oídos como hostias. Me sentí más incómodo aún. En ese momento pensé que me estaba equivocando con lo que hacía, que tenía que dejarlo, que tenía que huir de ella. Pero luego me di cuenta de que estaba totalmente desesperada, estaba desnudando su alma ante mí, y me estaba pidiendo ayuda.
Me puse de pie y empecé a desvestirme. Ella se retiró la parte de arriba del albornoz, me abrió el pantalón, me bajó el calzoncillo y engulló mi miembro. Yo tenía la cabeza en otra parte, pensaba que no sería capaz, y no lo fui. No era la primera vez que tenía un gatillazo. "No eres la única con problemas", le dije. "Mal de muchos..." contestó, por fin, con una sonrisa.
Se tumbó y empecé a acariciarla con las manos. Hacía frío, y eso, la verdad, es que a mí me ayudaba muy poco, pero a ella no le afectó. Sus pezones duros estaban más dispuestos a mis caricias, y su rincón seguía caliente, y algo húmedo.
Estuve masajeándola largo rato sin apenas progreso. Ella cambiaba de postura pero no llegábamos más allá. Había pasado demasiado rato ya. Paramos. "Mira debajo de la cama", me dijo. Dentro de una bolsa de plástico tenía una cuerda y una mordaza. Le abrí las piernas en una esquina de la cama y le até los tobillos por detrás de la pata de la cama con el cinturón del albornoz. Las muñecas se las até haciendo pasar la cuerda por debajo de la cama. La dejé así, boca arriba, y la observé un rato. Greta es bella. Luego le puse la mordaza y le vendé los ojos.
Empecé de nuevo con los masajes. Ella tensionaba su cuerpo. Tiraba de la cuerda con los brazos sin poder soltarse, y contraía los muslos, pero sus agujeros estaban abiertos para mí. Usé mis manos y mi lengua, para sujetarla, para lamerla, para frotarla, para inmovilizarla aún más. Su respiración aumentaba de ritmo, y yo subía el ritmo de la estimulación. Cuando estaba muy excitada introduje la punta del índice en su culo y pegué mi boca a sus labios, apretando su clítoris inflamado con mi lengua, moviéndolo de un lado a otro. Su pubis me sacudía rítmicamente mientras ella se corría amordazada, con una respiración medio ahogada.
Cuando llegó la calma, yo tenía una erección dolorosa. Me tumbé sobre ella y se la metí entera. Ella se sobresaltó, no se lo esperaba, y yo tampoco. Los dos nos dimos cuenta de que, aunque ella me lo estaba pidiendo antes de empezar, ahora ya había cumplido con mi parte, y tenía que soltarla e irme. Greta, inmóvil, debajo de mí. Pero yo no. Yo empecé a moverme despacio y confundido. La observaba y ella seguía muy quieta. Expectante. ¿Asustada?
La postura era muy incómoda para mí, así que tiré de sus caderas hacia abajo sin pensar en lo que estaba haciendo, hacia la esquina de la cama, y sus brazos quedaron hacia arriba, aún más tensionados por la cuerda. Pensaba como un animal, y como si ella fuera un trofeo. Sequé un poco mi miembro y sus labios y se lo metí de nuevo. Ella empezó a decir que no con la cabeza, y a resoplar. Intentó subir hacia arriba pero yo la sujetaba fuerte por las caderas mientras la penetraba una y otra vez. Los dos sabíamos que la estaba violando, pero no podía parar.
Perdí el control totalmente. Ella no podía hacer más que sacudirse y sollozar mientras yo disfrutaba de su cuerpo con toda mi piel. Me frotaba contra ella, le lamía los pezones helados, y le agarraba las tetas con fuerza a la vez que mi pubis chocaba sonoramente con su cuerpo. De repente ella empezó a arquearse con mucha fuerza, se soltó una muñeca de la cuerda y me abrazó, apretándome contra su cuerpo mientras se corría por segunda vez. Cuando me di cuenta sentí unas ganas incontenibles de derramarme en su interior, pero aguanté hasta que ella terminó, me soltó, me incorporé, puse su mano en mi miembro y lo agitó. Inmediatamente le disparé mi semen por su vientre y hasta sus pechos.
La desaté, la limpié, la abracé en cucharita, nos tapamos. Ella se veía feliz. Yo suspiré. Aliviado. Sin decir palabra nos dormimos.
Masajes en Madrid, relajantes, sensuales, eróticos, con final feliz, y para tratar la anorgasmia
lunes, 9 de diciembre de 2013
viernes, 6 de diciembre de 2013
Espiral oscura
Todo ha cambiado mucho. Mi vida ha cambiado mucho. La vida de Greta ha cambiado mucho.
Ayer usaba este blog para contar mi afición / servicio. Hoy, hace tiempo, he dejado de ofrecer esos servicios, Greta me tiene absorbido. Hoy he sentido la necesidad de contar lo que estoy viviendo.
El descubrimiento de las técnicas que tuvimos que utilizar para hacer que Greta alcanzase su primer orgasmo nos están llevando por un camino que oscurece y enloquece. Caminamos juntos por un hilo de cordura aparente. Escondemos en un rincón entre sus piernas historias que tiempo atrás nos hubieran perturbado seriamente. Sin embargo, ahora, vivimos obsesionados con encontrar nuevas formas de meter nuevas historias en su rincón. Las metemos, y metemos, y metemos... Las metemos a la fuerza, y las sellamos con placer y silencio.
Me está llamando Greta. Insiste. Voy a coger el móvil.
Ayer usaba este blog para contar mi afición / servicio. Hoy, hace tiempo, he dejado de ofrecer esos servicios, Greta me tiene absorbido. Hoy he sentido la necesidad de contar lo que estoy viviendo.
El descubrimiento de las técnicas que tuvimos que utilizar para hacer que Greta alcanzase su primer orgasmo nos están llevando por un camino que oscurece y enloquece. Caminamos juntos por un hilo de cordura aparente. Escondemos en un rincón entre sus piernas historias que tiempo atrás nos hubieran perturbado seriamente. Sin embargo, ahora, vivimos obsesionados con encontrar nuevas formas de meter nuevas historias en su rincón. Las metemos, y metemos, y metemos... Las metemos a la fuerza, y las sellamos con placer y silencio.
Me está llamando Greta. Insiste. Voy a coger el móvil.
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